El filme ‘Yo, la peor de todas’, se proyecta en la Casa-Museo Pérez Galdós

La Casa-Museo Pérez Galdós dedica en octubre su ciclo de cine denominado ‘Ellas, también y por supuesto, mueven el mundo’ a la figura de Sor Juana Inés de la Cruz, con la proyección del largometraje argentino producido en 1990, ‘Yo, la peor de todas’, de la directora María Luisa Bemberg. El pase de la película, con entrada gratuita y aforo limitado, tendrá lugar el día 7 de octubre, a las 19:00 horas.

La filmografía de la directora argentina María Luisa Bemberg está profundamente vinculada al movimiento feminista. Su lente ofrece una crítica rabiosa a los discursos sobre la mujer. Para la cineasta, su cine es “muy comprometido con la ideología feminista y siento como una obligación ética proponerle al público una imagen de la mujer diferente a los estereotipos que suele dar de ella el cine masculino”.

La actriz española, Assumpta Serna, encarna a la literata en el filme dirigido por Bemberg, que también cuenta con la interpretación de Dominique Sanda, Héctor Alterio, Lautaro Murúa y Graciela Araujo, entre otros.

La perspectiva histórica, como en el caso de la película que nos ocupa, posibilita a Bemberg hablar no solo de la opresión de las mujeres en sus relaciones íntimas, cotidianas, sino también de la ligada a poderes como el Estado o la Iglesia. Como en ‘Yo, la peor de todas’, la obra cinematográfica de la argentina tiene por protagonistas a mujeres que rompen el pacto de género.

El guion del largometraje, ‘Yo, la peor de todas’, que se exhibe en la Casa-Museo Pérez Galdós, está inspirado en el ensayo del poeta y dramaturgo Octavio Paz. La película narra los últimos años de Sor Juana Inés de la Cruz, icono feminista del Siglo de Oro español, Fénix de Américacomo también fue laureada en Europa en el siglo XVII por su apasionado estilo y su indomable erudición. Juana Inés de Basbaje y Ramírez de Santillana quería consagrarse al estudio de las letras y no a la tradicional vida de las mujeres del siglo XVII. Prefirió el convento al matrimonio y cuando tenía 17 años tomó los hábitos en el México colonial, en el que los virreyes la protegían. Sin embargo, la Iglesia censuraba sus métodos, como enseñar canto a sus alumnas y dedicarse a la astronomía, la poesía, el teatro, la filosofía y la teología.

Cuando México se independiza pierde la protección de la corona y se queda sola frente a su confesor, miembro de la Inquisición, y al arzobispo de México, un misógino fanático.

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